
Con más de una década de experiencia en el tema de educación ambiental, la Organización para la Educación Ambiental y Protección de la Naturaleza (Opepa), entidad sin ánimo de lucro, desarrolla una alternativa de educación no formal en la que amplifica los modelos tradicionales de educación.
En los 13 años que lleva trabajando, ha logrado la vinculación de más de 30.000 niños y jóvenes de colegios de Bogotá a los programas de Educación al aire libre.
Mediante salidas a diferentes lugares de la geografía nacional proponen a los centros educativos, complementar la formación escolar que reciben en las aulas. Se busca que los estudiantes estén en contacto directo con la naturaleza, respiren el aire puro, disfruten de los climas y las múltiples culturas que enriquecen el país.
Para Sergio Llano, gerente de operaciones de la entidad, la educación ambiental es un componente fundamental de la promoción de niños y jóvenes: “Estar conectados con la tierra para que actúen de manera responsable, es uno de los pilares de la estrategia de la organización. Se han escogido niños y jóvenes porque pensamos que inculcarles ideas relacionadas con el cuidado ambiente es mucho más fácil, y son personas que en el futuro se van a involucrar más activamente con actividades relacionadas con la conservación de la naturaleza”, indicó.
“Los niños le ponen pasión, energía y llegan con experiencias positivas a sus hogares. Ejercen influencia en su círculo de amigos para involucrarlos en actividades que tengan que ver con el cuidado del medio ambiente”, aseguró.
Otra forma de interactuar con la naturaleza
Promovidos por Opepa, cerca de 2.000 niños y jóvenes de Colombia integran 67 ecoclubes, con el compromiso de trabajar unidos para mejorar la calidad de vida de los habitantes de sus localidades.
La Organización, promotora nacional de la iniciativa, ha instaurado ecoclubes en departamentos como Antioquia, Bolívar, Cundinamarca, Casanare, Caldas, Cauca, Putumayo, Valle del Cauca, entre otros.
Estas agrupaciones funcionan gracias a los recursos aportados por diferentes empresas en sus programas de responsabilidad ambiental y social. Para esto, se hacen convocatorias en las diferentes regiones del país para que niños y jóvenes participen en la iniciativa, asumiendo una actitud responsable con la naturaleza y actuando solidariamente.
El proceso de conformación de los ecoclubes es de aproximadamente un año, tiempo durante el cual los instructores de Opepa realizan visitas para instruirlos acerca de la estructura que deben tener, los estatutos y metodologías de trabajo. El fin es que sus iniciativas puedan tener impacto en la comunidad y su entorno ambiental. Después de ese tiempo, le hacen seguimiento cada dos o tres meses, dependiendo del lugar y circunstancias, indica Sergio Llano.
Esta actividad hace parte de la Red Internacional de Ecoclubes (RIE) que coordina y congrega las iniciativas en el mundo de más de 500 ecoclubes, conformados en aproximadamente 20 países.
Dentro del área de fortalecimiento comunitario, los ecoclubles son el programa que más beneficiarios ha tenido, en términos de niños y jóvenes que han participado, dijo Llano en entrevista con Prensa Verde.
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