Bogotá, junio 12 de 2012/Prensa Verde. Juan Carlos Rocha decidió en 2008 desarrollar un proyecto de vida en el municipio de Sopó (Cundinamarca), antiguo territorio Muisca a 39 kilómetros de la capital colombiana. Luego de viajar por el mundo, de reflexionar sobre la vida y los problemas ambientales actuales, decidió no hacer parte del problema sino de la solución. A punta de sueños, de lúdica, música, arte, danza y trueque, ha integrando su proyecto de vida, su familia y grupo de amigos. También, ha convencido a una comunidad de trabajar por el sueño de tener un planeta más consciente, todos alrededor de IBI-Tekoa en lengua muisca oAldea de la Tierra, un grupo ambientalista quebusca la promoción de hábitos amables con la naturaleza.
Para este colombiano, IBI Tekoa, es una oportunidad de ser consecuente, de vivir y de habitar el planeta, tal como lo hacían los indígenas muiscas. Truequeando y truequeando lograron desarrollar una serie de proyectos de educación ambiental basados en el intercambio de objetos y servicios.
Durante cuatro años han realizado más de 1.000 intercambios de diferentes tipos. “Una práctica que promueve el reciclaje y la solidaridad entre las personas. El truque se ha convertido para nosotros en una alternativa real para solucionar algunas carencias”, asegura Rocha.
Hoy, junto a 30 jóvenes más, buscan crear conciencia sobre el cuidado de la tierra, implementando prácticas ambientales utilizadas en India, Ecuador, Perú y Bolivia. Desde hace cinco años desarrollan el Festival Mama ‘Sopó’, donde a través de actividades lúdicas hablan de la importancia de los recursos naturales, la reforestación, la conservación y la reutilización de materiales.
Entre los logros de la agrupación se destaca la realización de 26 jornadas de trueque, 38 sesiones de intercambio de saberes y la creación de una tienda de trueque permanente, la siembra y cuidado de más de 300 árboles nativos y la confección de 100 bolsas de tela reutilizables para el mercado, entre otros.
Prensa Verde, habló con Juan Carlos Rocha, gestor del proyecto. Para saber un poco más sobre el trabajo de estos activistas ambientales:
¿De dónde nació la idea de desarrollar la Fundación y el Festival?
IBI-Tekoa, Aldea de la Tierra, no es una Fundación. Constituirnos legalmente es una opción latente para conseguir recursos, pero aun no se ha materializado. Somos una agrupación de jóvenes que surgió con la idea de hacer algo por la tierra, impulsados por su deterioro evidente y el desprecio de una sociedad que la saquea sin conciencia ni contemplación.
El Festival surgió entonces como la forma de empezar a hacer algo, de proponer una visión diferente.
El primero fue en abril de 2008, y la idea era celebrar la tierra y crear conciencia sobre su cuidado.
¿Cómo se han logrado mantener económicamente?
Durante un año y medio la sede de IBI-Tekoa fue una casa truequeada en una vereda de Sopó. La casa, perteneciente a una familia bogotana, estaba abandonada. Propusimos un trueque: arregla a cambio de habitarla. Los dueños accedieron y la casa fue un laboratorio para experimentación en campos como la permacultura, el arte y la construcción, y en ella funcionó durante un año una ‘tienda de trueque permanente´. Surtíamos la tienda con los productos que conseguíamos en ferias de trueque que organizábamos en el norte de Bogotá, donde la gente acumula muchos objetos que no necesita, muchos de los cuales donaban a la tienda o truequeaban por otros objetos, saberes o servicios.
¿Cómo ha sido el trabajo con la comunidad de Sopó y la receptividad de la misma al proyecto?
En esta versión del Festival, la más grande de todas, se estima que participaron unas 2.000 personas, la gran mayoría de Sopó. Para ellos el Festival es una propuesta alternativa que no existía en el pueblo, y que debe ser aprovechada y potenciada. En la programación fueron incluidas actividades para todas las edades, así que la participación de la comunidad incluyó niños, jóvenes y adultos y ancianos.
¿Cómo se integra el grupo de trabajo?
La base de IBI-Tekoa está conformada por jóvenes. Más de 30 jóvenes atendieron la convocatoria realizada por los organizadores del Festival- Natalia Agudelo, Juan Carlos Rocha y Leonardo Rojas- y participaron como voluntarios, cumpliendo funciones técnicas, logístocas, artísticas y de difusión, además de participar en las actividades del Festival, que les entregaron herramientas útiles para el emprendimiento de actividades sostenibles.
¿Qué se logró en este Festival del 2012 ?
El objetivo del Festival era promover la práctica de hábitos amables con la naturaleza. Los talleres prácticos que proponían la reutilización de ' basura' tuvieron asistencia masiva y esperamos que los asistentes empiecen a aplicar los métodos aprendidos. Sacamos 200 bolsas de tela para hacer mercado, que truequeamos con los voluntarios a cambio de su colaboración y con personas del común. Esas bolsas, sumadas a otro centenar que ya habíamos sacado en ediciones anteriores, se convierten en la semilla de una campaña para detener el uso de bolsas, tan contaminantes.
Sembramos 50 árboles nativos, y en la Feria se truequearon otros 50, que serán sembrados en diferentes hogares. El regreso de la Feria de Trueque fue todo un éxito, y la propuesta ahora es realizar la Feria el primer domingo de cada mes, incluyendo productos amables con la naturaleza entre la oferta.
¿Qué les falta por lograr?
Lo más difícil es que las personas adopten los hábitos propuestos. Se dice que para que una acción se convierta en hábito se debe repetir durante 21 días consecutivos. Nosotros mostramos cómo se hacen los ecoladrillos, por ejemplo, pero ya está en cada persona que lo empiece a practicar a diario. Igual con las propuestas de artesanía con materiales reciclados. Esta es una propuesta muy bien trabajada, pero requiere que las personas empiecen a ver las bolsas con otros ojos, que las limpien, las guarden y las utilicen. En el Festival se vio el entusiasmo, pero a veces esto se diluye y volvemos a las mismas. Así, el reto es continuar promoviendo estas actividades, crear una utilidad para esas prácticas y, a fin de cuentas, seguir en Festival, porque la tierra nos necesita todos los días.
¿Cuáles son las proyecciones de IBI- Tekoa, Aldea de la Tierra?
El sueño de IBI Tekoa a corto plazo es conseguir un terreno y empezar a construir una ecoladea, un espacio que reúna todas las prácticas que hemos aprendido, que sirva de laboratorio para la experimentación y de ejemplo para la comunidad. Queremos hacer construcciones con ecoladrillos, utilizar energías alternativas, tener huertos orgánicos, tienda de trueque, museo de invenciones ecológicas, escuela, etc.
Sentimos que estamos muy cerca de ello, y esperamos la colaboración de proyectos privados y personas del común. Entre los planes está la realización de una exposición de fotografía- somos fotógrafos profesionales- para recoger fondos con el objetivo de comprar la tierra, ¡o truequearla!...
Fotos:@ IBI Tekoa.