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23 años después, Shell no aprendió nada del desastre de Exxon Valdez
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  Decenas de miles de galones de petróleo crudo siguen contaminando las playas y la vida silvestre de Alaska.
 
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Greenpeace

Bogotá, marzo 27 de 2012/Greenpeace. Hace 23 años, el Exxon Valdez encalló en el arrecife Bligh en Prince William Sound, Alaska. El petrolero derramó once millones de galones de petróleo en el agua, contaminando 1.500 millas de la costa de Alaska, matando cientos de miles de aves marinas, nutrias, focas y ballenas, y devastando la vida de las comunidades locales.

Aunque Exxon declaró que dos años después el derrame ya estaba “limpiado”, la realidad es que decenas de miles de galones de petróleo crudo siguen contaminando las playas y la vida silvestre de la zona.

Dos décadas después, los habitantes de Alaska siguen sufriendo los efectos reales del derrame. La cisterna rota dejó de verter  aceite a los pocos días del incidente, pero el impacto perdura hasta hoy. No hay una clara recuperación a la vista.

El  desastre de Exxon Valdez fue el peor de la historia hasta que volvió a suceder. En abril de 2010 la plataforma Deepwater Horizon explotó y se hundió, matando a once personas y escupiendo casi cinco millones de barriles de petróleo en el Golfo de México.

El aceite se esparció durante 86 días hasta que el pozo se tapó. Cinco meses después del estallido el gobierno federal declaró finalmente el pozo muerto. El ecosistema del Golfo de México, su fauna y las comunidades costeras resentirán el impacto de este lamentable incidente durante décadas, o quizá siglos.

Este año, dos equipos viejos y oxidados que trabajan para el gigante petrolero Shell se dirigen a Alaska para perforar los primeros pozos en las cristalinas aguas del Ártico. Es evidente que la compañía piensa que desastres como el del Exxon Valdez y la Deepwater Horizon no pueden volver a ocurrir. Los hechos dicen lo contrario. Sólo el año pasado Shell admitió haber causado 207 derrames significativos en sitios como Nigeria y el Mar del Norte de Gran Bretaña. Un derrame de ese estilo podría causar un verdadero desastre ambiental si ocurriera en el Ártico.

Beaufort y Chukchi son sitios remotos de Alaska, con muy poca o ninguna infraestructura (carreteras, pistas de aterrizaje, puertos) que puedan dar respuesta a un eventual derrame de petróleo. A pesar de sus esfuerzos para mejorar su presencia, la Guardia Costera todavía no tienen la capacidad para hacer frente a un derrame importante. Incluso el jefe de la Guardia Costera de los EE.UU. ha admitido públicamente que su agencia tiene pocas posibilidades de remediar un derrame en el Ártico. Pero así fuera posible controlar un derrame de petróleo en esta zona áspera y congelada, lo cierto es que Shell y la industria del petróleo carecen de la tecnología y el know-how para eliminar el aceite del medio ambiente marino del Ártico. En pocas palabras: si ocurre una explosión y se produce un derrame en gran escala, Shell no puede limpiarlo.

De hecho, el plan que Shell ha presentado  para un potencial derrame incluye el uso de cosas tales como palas y escobas. Sería gracioso si no hubiera tanto en juego.

Todo lo que le importa a Shell son sus logros corporativos. Los osos polares y la belleza natural virgen son sólo obstáculos para la obtención de beneficios cada vez mayores. Greenpeace planea oponerse a Shell en cada paso del camino. Pero convertirnos en la e piedra del zapato de Shell requerirá a millones de nosotros.

Más de 300 mil personas en todo el mundo ya se han expresado en contra de Shell. Por favor, tomate un minuto en el aniversario del derrame de Exxon Valdez para sumar tu voz a la creciente lista de personas que no quieren quedarse quieto mientras uno de los últimos sitios vírgenes del planeta es destruido.

Tomado de: Greenpeace Colombia 2012.-

 
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